Ante una serie de dudas de parte de los padres al entregar un celular o tablet a sus hijos para que sean de propiedad y uso exclusivo de los menores, la inspectora de policía y experta en ciberseguridad, Silvia Barrera, lanza al mercado su libro denominado: «Nuestros hijos en la Red. 50 cosas que debemos saber para una buena prevención digital».

En realidad, todos los padres y madres deben asumir es que su hijo les pedirá un aparato móvil, seguramente antes de los 9 años. Pero, hasta entonces, el menor ya sabrá cómo chatear, buscar por internet y habrá visto cientos de vídeos que no son adecuados para su edad.

Ante esto muchas familias tiemblan cuando la hija o hijo se hace «selfies» para compartir, quiere jugar a «Fortnite» o tener cuenta propia en la red social que más de moda está.

Los progenitores suelen verse desbordados y mientras que unos se muestran excesivamente confiados («A mi hijo no le va a pasar nada, son temas del vecino», «Mientras esté con el móvil, está controlado»), otros son más recelosos y miran con lupa la relación que su pequeño establece con internet, algunos aseguran tener una aplicación espía para controlarle.

Pero tanto para unos como para los otros, las dudas sobre cómo abordar la relación de los menores con la Red les quita el sueño. Para ayudarles, la inspectora Barrera ha establecido una serie de verdades que podrían ser guías para los padres.

El comienzo del libro es claro y directo. Hace un repaso por ese mundo en el que vivieron los padres y que tanto se diferencia del que ahora viven los hijos. Además cuestiona a los progenitores: «¿les cuesta aceptar ese nuevo entorno o no lo quieren entender?».

Hay que comprender que los adultos hemos heredado el Internet y lo utilizamos más con fines profesionales o utilitarios (hacer compras por internet, utilizan la banca online, etc.). Pero los niños no. Para ellos, su mundo gira en torno a lo digital. Su manera de comunicarse es visual: no se llaman por teléfono sino que se envían un vídeo por TikTok. Este es el mundo en el que han nacido.

Lo viven con la misma intensidad con la que nosotros vivimos en su momento el mundo físico y, por tanto, hay que entenderlo. Por eso es vital crear una cultura digital desde pequeños. ¡Es lo que van a proyectar en su vida!, es una inversión de futuro. Internet no es un fenómeno que ha venido para irse, ha llegado para quedarse, está aquí y va a ir a más. Por eso es tan importante entender este nuevo mundo.

Habla, también, de las excusas que ponen los padres y madres a la hora de no entender esa nueva realidad: «no tengo tiempo», «es que en mi época»… ¿Estamos ante una falta de interés o de no saber?.

Es una necesidad que entendamos el mundo en el que viven los menores porque los adultos seguimos viendo internet como un juego. Se piensan que los menores viven en un mundo virtual en el que juegan, se divierten, experimentan… Pero es que estamos hablando de «su mundo», y es un entorno que tiene muchos riesgos. Al igual que en el físico nos preocupamos por no dejarles solos en plena calle, ¿por qué les dejamos solos en el mundo virtual? Cuanto antes nos sentemos con ellos a hablar, a explicarles las cosas, mejor. Es el mundo que nos ha tocado vivir.

No hay que olvidar que con 3 años les estamos dejando la tableta para que vean vídeos. Con esa edad no va a chatear y cuando se la quitas, se la has quitado. No lo discutes. Pero estamos dándole ya un dispositivo electrónico desde que no saben hablar, están consumiendo información y es solo cuestión de tiempo que quieran independencia, que te pidan un móvil, con sus cuentas, y tener cierta privacidad.

Por eso es una inversión de futuro. Lo que no puedes hacer es darle un móvil a la edad que sea y cuando tenga 15, ponerle normas e intentar reconducir la situación cuando antes no les has formado ni has establecido unas normas.

El «no tengo tiempo» no vale.

Es una cuestión de prioridades porque forma parte de la educación enseñarles los riesgos de la Red y estar un poco al día de los que sucede. Es también una inversión de futuro. A los niños les están dejando solos con una herramienta que les abre al mundo. Por eso no se les puede dejar solos. ¡Lo veo todos los días!