Al momento de la fugaz detención de Ovidio Guzmán, el hijo de El Chapo,  las autoridades difundieron una fotografía donde se le mostraba con dos amuletos colgando de su cuello.

Uno de los colguijes era el escapulario bordado con la imagen del Santo Niño de Atocha; el otro era de Jesús Malverde.

En la “narcocultura”, al  Santo Niño de Atocha  se le invoca como intercesor de las personas en reclusión.

En su origen español, la leyenda cuenta que la imagen conocida como Nuestra Señora de Atocha cargaba un niño Jesús, el cual desaparecía en las noches para llevar alimentos a los cristianos prisioneros por los musulmanes del al-Ándalus.

En México la devoción se instauró en el siglo XVIII, concretamente en la población de Plateros en Frenesillo, Zacatecas, donde el Santo Niño de Atocha cobró popularidad entre otras cosas, como intercesor de las personas en reclusión.

Una antigua leyenda cita como primer milagro del santo la liberación, en 1829, de una mujer de malas costumbres recluida en Durango. Tras encomendarse al niño, éste se le apareció como un joven con el nombre de Manuel Atocha y procuró su emancipación.

Mientras, otro amuleto se trataba de una imagen de Jesús Malverde, también conocido como el “bandido generoso”.

Se dice que su nombre verdadero era Jesús Juárez Mazo y que nació en 1870, cerca del pueblo de Mocorito, en el estado de Sinaloa. Algunos dicen que era sastre, otros afirman que era albañil y ferrocarrilero, y que trabajó en la construcción de las vías férreas hacia el norte de México.

La mayor parte de la documentación sobre Malverde se refiere a su muerte. En la versión más popular de la leyenda, el gobernador de Sinaloa en ese momento, Francisco Cañedo, desafió personalmente a Malverde a que le robara su espada o su hija, y le prometió un indulto si lograba la tarea.

Para lograr el desafió Malverde entró a la mansión del gobernador y dejó una nota: “Jesús M. estuvo aquí”. Humillado,  el gobernador Cañedo ordenó colgarlo de un mezquite el 3 de mayo de 1909, exactamente donde hoy está su capilla, y prohibió que su cuerpo fuera sepultado.

Hoy, sus devotos lo bautiza con whisky y  le cantan corridos norteños. Cada 3 de mayo, su capilla recibe a cientos de creyentes, que viajan desde distintas localidades mexicanas para pedirle o agradecerle favores.