Centenares de migrantes centroamericanos fueron detenidos por las autoridades mexicanas en la frontera con Guatemala, la primera escala dentro de un largo camino que intentan recorrer hacia Estados Unidos para huir de la pobreza y la violencia en sus países.

El ministro de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard, denunció que alrededor de mil migrantes intentaron cruzar “a la fuerza” el río Suchiate, en la frontera con Guatemala, y tras haberlos detenido, dijo que quienes intenten ingresar ilegalmente al país enfrentarán las mismas consecuencias.

La primera caravana migrante de 2020, que partió el 14 de enero, está conformada por más de 3.500 ciudadanos provenientes de El Salvador, Honduras y Guatemala, muchos de ellos sin documentos y con escasas pertenencias.

Policías contra migrantes en la frontera

Solo unos cuantos ciudadanos han logrado regularizar su situación en México y avanzar hacia el norte, pero a la gran mayoría, sin documentos y con escasas pertenencias, les fue impedido el paso, en medio de enfrentamientos con la Guardia Nacional.

El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró este 22 de enero que se trató de un «caso aislado», aunque algunos de los migrantes denunciaron el uso indiscriminado de la fuerza y malos tratos por parte de las autoridades.

“Y ellos ahora están todos con garrotes, están con palos, esperándonos”, dijo Marvin López, un hondureño que ahora vive en uno de los improvisados campamentos que instalaron los migrantes a orillas del río Suchiate.

López Obrador dijo que algunos de los hondureños de la caravana están “volviendo a su patria voluntariamente. Pero gran parte de ellos han sido deportados. El Instituto Nacional de Migración de México (INM) reportó que el 21 de enero deportó a 219 migrantes a Honduras en dos vuelos separados, mientras que otras 144 personas fueron enviadas en autobús.

«Estos dos vuelos son los primeros del año y esperamos realizar más en los próximos días», indicó el INM.
El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador se vio obligado a reforzar sus controles migratorios, luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara a ese país con castigarlo económicamente si no detenía los crecientes flujos migratorios, en su mayoría de carácter ilegal.